Raizal

Hoy lloré por todo lo que uno no llora en el año.

Lloré por los suicidios ajenos, por las certezas fantasma.

Lloré por no poder ver el debut de cada amanecer con sus rayos naranjas, con ese halo de luz celestial que forma el polvo frente a mi ventana, mientras chorreo el café.

Lloré por ser humana, por la declaración de victoria que no llega.

Lloré por las batallas abandonadas, lloré por lo que hoy sé y practico, aunque no sea lo que quiera, lloré por no tener una sola excusa para ser una persona más, por las responsabilidades que por las tardes pesan tanto, lloré por ser de una pieza, por mi moral calsificada, por mi lealtad sagrada y por cada lágrima transmutada en soledad.

Lloré amargamente hasta que no quedó nada más porque llorar, lloré hasta que vi mis pies conquistar el suelo, me vi a mí misma por fin siendo raíz, intuí que aunque mis ramas fueran cortadas, de mí hay kilómetros de raíces que se extienden y abarcan los suelos, que me dan pertenencia a lo esencial, que soy litosfera, placa tectónica, corteza continental, soy el sustrato ígneo de los errores que fertilizan la humildad.

Este corazón que brilla inédito, virginal, después de ciclos de incontables vejaciones y resurrecciones, pobre órgano solitario que se piensa imparable, voluble, siempre dispuesto a amar, es flor única y efímera, de una mujer que después de tantas tormentas, por fin se ha convertido en fuente, aún habiendo perdido sus flores, aun escoge ser raizal.

11/11/23
Karla 

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