Rendición

La economía probablemente inició con un mono y una pila de mangos.
Algún ancestro decidió que «más» era el norte:

más comida, más hembras, más territorio, más.

Construimos ciudades y sistemas sobre una columna torcida,
convencidos de que ganar, es sinónimo de mantenernos con vida.

Pero ¿y si el sentido de la vida no fuera recaudar, sino soltar?

Entonces, probablemente habría que replantearnos incluso los conceptos más básicos, empezando por la “pérdida”.

Pérdida, palabra sombría…

A esta altura seguimos siendo el simio obnubilado que custodia fruta; peleamos enardecidos por lo que nace muerto, voluntariamente nos aislamos para que nadie nos robe nuestras “miserias”.

El miedo a perder nos ha convertido en espectadores de la propia inercia.

Quizá el verdadero pecado original es ser incapaces de reconocernos unos perdedores sin remedio.

Vinimos con la garantía de que, tarde o temprano lo perderemos todo, penetrará la podredumbre hasta la consigna más elevada de dignidad.

Y sin embargo, ante la inevitable derrota, concluimos resistirnos,
como si ese desgaste del espíritu fuera moneda de cambio para la inmortalidad.

Resistimos sentir,
resistimos pedir perdón,
vivimos con el pie en el freno, hasta el fondo,
como si pudieramos postergar la desintegración del ego al ser devorados por la tierra.

Pero quizá la parte más triste de nuestra historia,
es que nos resistimos a la más humana de nuestras necesidades:

Renunciar.

Nos resistimos a dejarnos ir,
ante la voraz marea del universo, el todo que lo arrastra todo.

Nos da terror reconocernos fragmentos perdidos,
y quizá es por ello que el amor no consigue estabilizarse en este plano.

Porque amar, es dejar de recaudar.
amar es invertir el flujo,
es dejar de ahorrar el aire,

es decidir descamarse para alimentar a otro,
cambiar la fruta semi podrida por el goce de la contemplación.

Qué acto humilde es sostener el amor.
Amar es la gran fuerza fresca y revolucionaria.

Tan solo para ser digno de sostenerle
hay que empezar…
por declararse uno mismo perdedor.

Karla González, 04 de febrero 2026.

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