Indómito

No le temo a la muerte,

pero me asustan las personas cansadas.

No me refiero al cansancio físico, como lo viven las madres,

quiénes mueven mundos por amor y se regocijan en su cansancio, mientras se soban la espalda.

No.

Le temo a la gente que sometió el corazón.

Me asusta pensar que por el mundo transitan personas que se han negado el beneficio de la duda.

Le temo a sentarme al lado de alguien que vive con la aguja en el mínimo, con aquel que dejó estropear su antena hacia galaxias inimaginables, aquellos que se auto desterraron del universo sensual y caleidoscópico.

Y quiénes, desde su ceguera, buscan creaturas ingenuas, de ojos muy muy grandes y redondos, que les abarcan la mayoría de la cara, solo para que éstos timoratos consigan un leve avistamiento, una inaudible narración de aquel paraje añorado, pero que ya no son capaces de percibir.

Pretenden comprender desde su trinchera apolillada, desde su palco preferencial, ¿cómo se puede sobrevivir con un corazón indómito?

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Avatar de Presúntamente Karla

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