Fiesta del té

Esta mañana decoré el salón.

No hubo pastel, ni dulces, ni coros, ni gritos.

Solo un espejo y un reflejo en franca conciliación.

Fue una celebración íntima, la más íntima.

Hice un brindis al vacío, pues ¿quién más lo comprende todo?

Saqué mi nariz por la ventana y les deseé lo mejor a las gentes que vi pasar.

Limpié mi casa, blanqueé las sábanas, aprecié su danza mientras se secaban fluorescentes al sol, recogí las cortinas para que entrara la luz directa y me senté en silencio a ver «las agüitas» que hace el piso cuando que se lustra con esmero.

Medité sobre la elegancia del vapor que desprende el agua caliente al hervir.

En medio del ritual para seleccionar el sobre correcto, cerré los ojos y agradecí el instante sin ruidos ajenos, sin «toses coladas».

Hoy me basta solo un momento, solo un cuerpo, solo el aroma de la cera anunciando que la casa ha quedado limpia.

Me basta un solo té, bienvenida alma mía.

Té escojo,

Té preparo,

Té disfruto,

Té agradezco,

En el más dulce de los silencios, ha sido inaugurada la fiesta del té.

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