Atardeciendo

Irse solo cada mañana al espejo, pero también irse solo por las noches a la cama.

Contar los surcos por donde nos ha corrido el agua, contarse las pestañas y quedarse sentado en paz con los vacíos que nos quedan.

Muy atrás, hay puentes dinamitados por tan inexplicables razones, miedos, desencantos o simplemente la estruendosa marcha de los años sobre ellos, tropas de desconsuelos atendidos con urgencia, hemorragias de lo cotidiano, contenidas con todas las fuerzas.

Se nos va la vida en ello, conteniendo.

Qué agotador resulta a veces contener, qué fantasía me provoca pensar que sería de mí, si un día me desbordo, si un día me bautizo, si me suelto y mojo todo, pensar qué un día pueda tener la libertad de ser inundación, turbia, serena, ser un pantano en calma.

Dejar salir mis cocodrilos, ser bochorno, luna llena, mosquitos, noche clara.

¿Qué opinas si entre vos y yo hacemos una tregua, una pausa?

No crees, que podría ser idílico, pensar que exista un espacio donde uno pueda ser uno, en compañía de alguien más.

Donde podás vivir en paz con todos tus desaciertos, uno con toda tu rareza, un pequeño rincón donde no haya nada que explicar, donde no haya nada que pedir, nada que esperar, más que una voluntaria presencia.

Contame lo que quieras, sin preguntas incómodas, sin inmersiones innecesarias. Demos lo que hay disponible, sin reclamos, sin quejas, hagamos de este tiempo, una danza y veamos si se vuelve compás, sin pensar, sin calcular, dejemos que siga su curso, como lo hace el agua, las bandadas de pájaros o el atardecer, sin anuncios pretenciosos o promesas ostentosas, ser medio y fin, como el mar se traga un sol cada tarde, sin que nadie se percate, más que aquellos, los que saben agradecer en silencio una mirada sostenida y honesta.

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Avatar de Presúntamente Karla

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