Es probable, que nadie me crea si les digo que vuelo.
Sospecho que ha sucedido en sueños, sin embargo camino bordeando lo irreal, así que les advierto que no me interesa descubrir la verdad al respecto.
El otro día sucedió que vi un ángel, iba caminando hacia mi trabajo y se dibujó una sombra desde lo alto del techo de una casa antigua, se formó su silueta perfecta proyectada justo frente a una iglesia, yo sentí que me sonrió, así que le devolví la sonrisa.
Al principio pensé en capturar estas situaciones con fotografías, pero deduje que no faltaría alguien de forma pertinente, llegara a cuestionar mi realidad con sus argumentos tridimensionales y quizá terminaría por hacerme botar hasta mi última prueba irrefutable al basurero, así que escogí mi magia, en lugar de digerir la realidad ordinaria de las masas.
Cada noche, llego a mi casa y antes de dormir apago la luz, enciendo una gran vela, y rezo con tal de conservar mi particularidad, a veces me rezo a mí misma, entonces saco la caja de los hilos y con una luz tenue enebro la aguja para iniciar mi ritual de costura, esta noche como es ya es común, me palpo al llegar a casa, necesito sentir que todavía estoy conmigo, que no me he ido, que no me he disipado entre la cotidianidad, me busco con las yemas de los dedos, hasta encontrar alguna esquina rota y me coso punto por punto, cada noche religiosamente.
Si lo olvidara alguna vez, me deshilacharía y como yo vuelo por las noches, mis retazos, volarían por todo el barrio, se atorarían en las ventanas de las vecinas, la espuma que me sostiene cubriría las calles y los perros juguetones, harían una fiesta mientras durase la noche.
No todo el mundo vuela, ve ángeles o percibe la magia por esa vibración que brota cuando se choca contra la piel de otra persona.
Por mucho tiempo vi menos que magia, ojalá les pudiera decir que conocí algún demonio o cosa diabólica, pero fue de verdad más triste que eso, porque llegué a no ver nada, a no sentir nada, el dolor simplemente se volvió una recta interminable.
Por eso, cuando la magia hizo conmigo una tregua, decidí protegerla, porque con la realidad de las gentes no se es feliz, a veces cuando obtienes la razón, pierdes lo más importante, la libertad.
Sólo con puñados de magia en las manos, cuando te atreves a equivocarte, el viento sabe rico, la gente se vuelve hermosa y hasta los ángeles de vez en cuando, pasan a saludarte.



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