Bailar con ella

Flotar en la tristeza, es como cubrirse con una cobija bajo la lluvia.

Llega un punto en que, con sinceridad no se sabe que es peor, si quitártela porque ya estás empapado o dejártela porque si te la quitás te da más frío.

Flotar en la tristeza es como andar por la vida con los cables pelados, a la espera de electrocutarse en el momento menos oportuno, pero en contraste, te permite explorar tu lado más romántico, te permite desde una óptica, casi nauseabunda si se quiere, experimentar una comunión con uno mismo, ver la vida en perspectiva desde el fondo, se valora desde allá abajo, cuánto cuesta todo, levantar una casa, levantar una familia, levantar los párpados para despertar.

Luego de salir de una tristeza muy profunda, definitivamente uno ya no es el mismo. Se siente como si se saliera de un coma emocional y para cuando uno logra despertar, ya nada es igual, tu cuerpo no es igual, ningún proyecto se detuvo a esperarte, la gente está más vieja, especialmente uno está más viejo.

Pero en medio del recuento de los caídos, es cuando te percatás de que por fin estás del otro lado de la línea, cuando por fin sentís que todo aquello en su conjunto te vale una mierda.

¿Qué le importa la estética, a una persona que ha regresado a la vida? A esta altura, ya la vida se toma como venga: coja o sin nalgas. A la vida se le ve ahora como toda una reina de de belleza, aunque llegase a tu encuentro en pijama.

El dolor es inconmensurable. Hay dolores ligeros como pinchazos de aguja, hay dolores profundos, como si te arrancaran la médula por la nuca, cuál raíz del suelo. Cada trauma tiene su propio tiempo para sanar, interiorizar, perdonar, soltar. De nada sirve, dar brincos y súplicas para intentar salir antes del tiempo estimado, porque de la escuela de la vida no se puede uno dar a la fuga y pretender salir rosadito y respirando.

Son estados que definitivamente nadie sueña y sin embargo, todos somos candidatos a tener en mano el número favorecido de cualquier desgracia o conjunto de ellas, que nos hagan caer en una recesión emocional.

Nada volverá a ser igual, esa es una realidad que toca interiorizar, pero todo si volverá a estar bien, a tener bastante sentido, a proporcionar alegrías y carcajadas.

Volverá uno, a esperar en otra cita a ciegas a la vida, en esta segunda ocasión, ya no vendrá tan escultural como al principio, caminando sobre tacones, llegará más realista y natural, con más que decir, quizá no le haya dado tiempo de maquillarse para verte, quizás su cabello esté ahora cubierto de canas, pero volverás a encontrarla tan hermosa como al principio y a agarrar de nuevo el ritmo para bailar con ella, como nunca antes la habían hecho bailar.

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