Las habrás visto, gotas de lluvia sobre los parabrisas, formando un estampado translúcido, tan pronto se acelera, el viento las incita, comienzan a agitarse, tiritan torpes, hasta que por fin llenas de valor cruzan el vidrio de un zarpazo, se convierten entonces en estrellas fugaces.
Yo conozco muchos tipos de estrellas, fugaces también, pero hoy les voy a hablar de unas que usan tacones.
Son tramposas, parecen no definirse del todo pero después de cruzar la frontera de sus contradicciones, pueden hacer estallar planetas con sólo pulsar su dedo contra tu ombligo.
Te voy a dar un consejo, de mujer a hombre: dejá de guardar flores de Santa Lucía en la billetera, no comprés lotería nunca más, son agüizotes, ¿querés suerte? poneme atención.
Afiná tu oído para escuchar los tacones, tenés que estar listo, puede suceder incluso en la esquina de tu casa, o casualmente entre la sala y tu cocina, preparate sigilosamente y cuando se acerque lo suficiente … ¡sostenla!
Si los brazos de los hombres son más grandes, es para poderlas contener, aun no se ha conocido ninguna estrella que no sea un caos.
Sostenla lo suficiente y mirala a los ojos, ejercele suficiente presión con tus brazos hasta que pueda sentir que en esta vida tantas veces de mierda, y que al menos por un instante, se pueda desarticular.
Con tus brazos contenla… contenla para que no se derrumbe, para que no se siga desbordando, contenla para que siempre pueda ser ella, con vos.
Entonces al igual que las gotas del parabrisas, la verás irremediablemente definirse, tomará poseción del cielo abovedado.
Amala de su miseria a su grandeza, temblará en tus brazos y como las gotas del parabrisas, la verás venir…cruzará la habitación de un zarpazo, de esquina a esquina, será fugaz pero sentirás un choque estelar de masas, en ese momento no olvidés cerrar los ojos para pedir un deseo, entonces tus anhelos serán realidad y así habrás encontrado la fuente inagotable de los deseos, noche a noche, tan sólo al extender la mano, al otro lado de la cama.
Karla.
25/07/2017



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